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La cosmogonía como eje de la Filosofía Amerindia

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Introducción

El propósito de esta investigación es descubrir en el contexto de la cultura Añú algunos principios filosóficos. Mediante su mito de la creación buscamos interpretar su modo de vida, la organización social y la estructura cultural de este pueblo.

            Los mitos establecen una expresión cultural mediante la cual el hombre refleja su realidad, su entorno, su cosmovisión. Por ende el mito representa un instrumento válido para el estudio del hombre y su sociedad.

            Nos apoyaremos en la Filosofía Amerindia como base fundamental de la identidad de los pueblos indígenas, a quienes se les ha negado a lo largo de la historia su filosofía propia, filosofía que se encuentra simbolizada mediante las imágenes de los mitos.

            Para esto nos proponemos analizar el mito mediante el método de la hermenéutica, para llegar a la particularidad del pensamiento mítico-filosófico de este pueblo paleolítico.

            Ahora bien, los Añú son la segunda comunidad indígena con mayor número de miembros. Según el censo reciente del “año 2001 hay 17.437 habitantes Añú”[1] en todo el territorio zuliano. A su vez, determinando etimológicamente el significado del término Añú, “significa gente. Este grupo es conocido también como Paraujano, que es una designación derivada del gentilicio que los vecinos Wayuu aplican a los Añú, es un termino compuesto de para: mar (o también pararu; costa del mar) así pues se le identifica como: gente de la costa del mar[2].

            El estudio del mito de la creación implica una responsabilidad de gran envergadura y un compromiso ineludible. Porque en la medida que vamos descifrando cada una de sus imágenes nos es casi imposible escapar a su encanto trascendental y revelador de realidades, que se manifiestan en cada una de las actividades significativas del hombre.

            Por consiguiente, aquí destacamos el mito como realidad que se hace evidente en los quehaceres fundamentales que el Añú cumple a diario. Esta manifestación nos lleva a considerarlos como un paradigma o arquetipo, buscando justificar sus expresiones culturales en los mitos.

            El análisis que nos proponemos hacer nos mostrará la identidad de los Añú como un pueblo creado del agua, su organización social, su actividad socio-económica y su estructura familiar. La relación que manifiestan con el Dios que los ha creado, la percepción mítica que tienen de dos mundos, la hazaña como medio de su sustento y la correlación que tienen con la naturaleza, cuerpo cósmico de su existir.

            Estos son algunos de los puntos que buscamos desarrollar en esta investigación, la cual, nos llevará a comprender y valorar la sabiduría filosófica que esconde este pueblo milenario.

La cosmogonía como eje de la Filosofía Amerindia

            Para desarrollar este primer punto nos basaremos en las propuestas realizadas por varios filósofos que han aportado mediante investigaciones razonables repuestas a ésta cuestión, ¿Se puede hablar o no de una filosofía en los pueblos amerindios?

            Con esta investigación buscamos proyectar elementos filosóficos desde la perspectiva del pueblo Añú, a partir de su cosmogonía. Elementos que se encuentran ocultos bajo el velo del símbolo y en la trascendencia del signo para la conciencia de este pueblo.

            En el contexto de esta Filosofía Amerindia a que hemos hecho referencia, queremos iniciar nuestro trabajo con la presentación de la cosmogonía, que nos llevará a comprender una visión de nuestro cosmos como ser sagrado en el tiempo y en el espacio. En este sentido, podríamos decir que mediante la cosmogonía es posible llegar al corazón del pensamiento de un pueblo, ya que los mitos marcan las pautas de acción de los individuos que conforman dicha comunidad o profesión de fe.

            Todos los pueblos y culturas que han existido son conformados y guiados por los mitos como “palabra sagrada”[3]. En este sentido, podríamos definir el mito como palabra sagrada de un pueblo, mediante el cual busca explicar la trascendencia de su existencia.

            El mito, como narración de las hazañas de los seres sobrenaturales, trasmite a la comunidad un modo de vida, A través de una hazaña de un ser sobrenatural y sagrado. Ésta, marca al inconsciente de la comunidad: se actúa y se vive imitándolo de generación en generación.

            Ciertamente, hay que partir de la etimología de la palabra <<mito>>, extrayendo su contenido del vocablo griego, añadidura que proviene de la voz, muqoz de mu<<cerrar>> la boca, propiamente cantar a boca cerrada (-mutus, mugire y <<consagrar-se->>) en unos myterio, <<musthia>>, <<secretos>>, <<ritos mistéricos>>, <<lo oculto>>. Por ende, este primer esclarecimiento de la etimología del término mito, nos lleva a percibir lo que va atesorando de los acontecimientos de un pueblo. El tema verbal de <<callar>> (mus-) compone con la desinencia instrumental –térion, para expresar aquello <<que hace callar>> ‘por su imponente sacralidad’.

     “El término mytos puede significar, además de palabra, relato, consejo, saga, pensamiento, noticia, discurso, como rema (de ahí rhetor y retórica), sólo que rema puede significar además de asunto y cosa (en el sentido de Sache, no de Ding, thing), pero mientras rema se fija en sentido del discurso y de asunto, mytos quedó tipificado para expresar noticia, saga, relato secreto”[4].

 

            Explicando así la etimología de éste término, nos damos cuenta que, durante el proceso de la historia, ha sido opacado y mal admitido para el pensamiento filosófico occidental. Aquí buscamos esclarecer el término partiendo desde su propio principio filosófico y, resaltando la realidad sagrada y real de lo que se esconde en ella mediante el símbolo.

            En consecuencia, los mitos demuestran mediante los símbolos y signos la realidad sagrada de un pueblo o una religión. Asimismo, lo real en el mito se encuentra porque la cosa esta ahí. “Para los primitivos como para el hombre de todas las sociedades pre-modernas, lo sagrado equivale a la potencia y, en definitiva, a la realidad por excelencia. Lo sagrado está saturado de ser. Potencia sagrada quiere decir, a la vez, realidad, perennidad y eficacia”[5].

            Podemos decir que los mitos le dan un sentido al mundo y, al mismo tiempo, definen la condición del hombre en cuanto ser sagrado y perenne. “El punto de partida de la auténtica filosofía se halla en el asombro, en la admiración o en la angustia”[6].

            Los primeros indígenas ancestrales, al preguntarse sobre el principio y la existencia elaboraban preguntas que todo gran filósofo se plantea. Buscando repuestas al origen de todo ente que contemplaban, elaboraban sus repuestas enmarcadas en su inconsciente, y recopiladas en sus mitos. De esta manera, desciframos el pensamiento filosófico plasmado en sus orígenes. Para Luis Cencillo,

     “Los mitos son formaciones cognitivas-expresivas de lo que un grupo (o una especie entera) supone actuar en el trasfondo de las manifestaciones paradójicas de su entorno natural o social, en calidad de causas, condiciones o determinantes, como poderes metahumanos de naturaleza psíquica”[7].

 

            En esta misma línea, la expresión del pensamiento mítico-filosófico que se manifiesta en un pueblo indígena, se encuentra expresado no tanto en su lenguaje como tal, sino en el quehacer diario, en su vivencia cotidiana. Asimismo, podemos hablar de un filosofar comunitario, en tanto que los mitos de un pueblo no son trasmitidos por un individuo, sino que es el conjunto de individuos quienes los trasmiten, como comunidad. Pues bien, los relatos míticos de la comunidad Añú, manifiestan una relación cognoscitiva-cosmogónica.

            Por otra parte, la función de la filosofía no es distinta del mito; porque si reconocemos que la filosofía se encarga de estudiar el principio de las causas primeras, el mito abriga esas primeras causas mediante símbolos y signos. De aquí se sigue que estudiar filosofía es estudiar cosmogonía y estudiar la cosmogonía es estudiar filosofía.

            Ahora bien, los mitos no se centran en la realidad cronológica de lo histórico del un pueblo o de una religión, sino en la expresión simbólica de la trascendencia vivida de dicho pueblo o dicha religión. En palabras de Ernst Cassirer, “No es lo histórico de un pueblo la que determina su mitología sino al revés, es su mitología la que determina su historia; o más bien, no determina sino más bien ella es su destino, la suerte que le toca desde el comienzo”[8]. Reconocemos, por tanto, la cosmogonía como eje de la Filosofía Amerindia, es allí donde enmarcamos el verdadero estudio de la identidad del Continente Americano.

 


[1] www.vera-venezuela.com

[2] Wilbert, Johannes. Aborígenes de Venezuela. Editorial Sucre. Caracas, 1968, pág. 35.

[3] DICCIONARIO TEOLÓGICO ENCICLOPÉDICO. Editorial Verbo Divino. Pamplona, 1995, pág. 648.

[4] CENCILLO, Luis. Los mitos. Sus mundos y su verdad. Editorial Biblioteca de Autores Cristianos (BAC). Barcelona, 1998, pág. 48.

[5] MIRCEA, Eliade. Lo sagrado y lo profano. Editorial Labor, S.A. Barcelona, 1967, pág. 20.

[6] ARISTÓTELES. Metafísica. A2, 982 b, trad. Tricot, Vrit. París, 1933, pág. 8.

[7] CENCILLO, Luis. Los mitos. Sus mundos y su verdad. Op. Cit., pág. 11.

[8] Cassirer, Ernst. Filosofía de las formas simbólicas. Fondo de Cultura Económica. México, 1998, pág. 22.

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